lunes, 11 de abril de 2011

Pobre pero honrado

Hace cuarenta años en un hogar de trabajadores los bienes eran escasos, muchos compartían la vivienda con los padres, por ello la familia era amplia y acogedora, abuelos, hijos, nietos, ….si obviamente, cada tanto se armaba alguna que otra trifulca, pero en esas lides se ejercitaba la paciencia, la tolerancia y otros valores de la convivencia. La radio era el principal medio de comunicación, pues el televisor, o el teléfono solo entraban en el presupuesto de, por ejemplo, los bancarios, en nuestros hogares ferroviarios la TV, en blanco y negro, con una antena de doce metros de altura, llego cuando yo ya concurría al industrial, se veía un día y no se veían seis, “dependía del tiempo”, la imagen iba y venía realizando increíbles cabrioletas mientras nosotros nos esforzábamos por comprender, a saltos, los programas.
Entonces había gente más humilde aún, que ni siquiera a ese mínimo confort accedía, pero respondían al criterio de “pobre pero honrado”.
Nos criábamos en la calle, los hijos de obreros y de doctores, todos compartíamos el colegio, público y excelente, la leche a la tarde, en la casa de cualquiera, los interminables partidos de futbol a la hora de la siesta y demás diversiones de pueblo.
Pienso que la gente, producto de una austeridad notable de artefactos y bienes, tenía la posibilidad de conectarse con el prójimo, conocerlo más y envidiarlo menos. El creciente materialismo de las últimas décadas acrecentó las brechas sociales y el resentimiento del que no puede acceder a esos bienes que te “identifican”, pues hoy en general la gente se identifica por lo que tiene y no por lo que es, por lo que es como persona digo, para que se entienda.
Lamentablemente el tiempo no tiene vuelta, y cuando extraño esos años pienso ¿me estaré poniendo viejo?
Raúl, 11/4/11.

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