El hombre tiene en su instinto un veneno ponzoñoso que lo lleva a conducirse frecuentemente contra su misma especie, contra su comunidad, contra sus seres queridos, aún contra él mismo.
Sólo mediante el amor el hombre puede superar esas tendencias a la división que le brotan de adentro ni bien algo le representa una oposición a sus intereses o forma de pensar.
Por eso Jesús de Nazareth, maestro de los maestros, dijo “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, con extrema economía de palabras y demoledora profundidad, inalcanzable para ningún intelectual o moralista, sintetizó en este mandamiento la formula del antídoto para el veneno contra el odio, la mezquindad, los personalismos y demás miserias humanas.
Si miramos a nuestro alrededor la virtud, la unión, la fidelidad, el sacrificio que muchos de nuestros hermanos derraman a diario, los veremos siempre basados en el amor: al prójimo, al amigo, a los hijos, entre los esposos, al compromiso por una vocación.
Ningún proyecto social y comunitario es viable si carece de amor. El problema es que a los dirigentes les avergüenza hablar de amor y de unidad frente a la evidencia de una historia de divisiones e intereses, de la cual no queda excluida ninguna institución humana. La esperanza es que seamos capaces de educar a los jóvenes con capacidad de trascender a sí mismos para poder vivir en comunión. No con palabras, sino con testimonios de humildad, austeridad, solidaridad, desprendimiento y paz, mucha paz.
Raúl - 21/4/2001
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