Frecuentemente, quienes la experimentamos, nos sentimos incomprendidos al leer alguno de los innumerables libros de ensayo, notas, blogs y opiniones que intencional o ignorantemente hacen referencia a esta maravillosa capacidad exclusiva del hombre.
Inclusive el diccionario de
“La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven”.
Obsérvese que Saulo no acude al concepto de “creencia” para definirla, como tampoco lo hace Santo Tomás de Aquino:
“La fe es un habito de la mente por medio del cual la vida eterna comienza en nosotros en tanto que hace posible que el intelecto de su asentimiento a cosas que no aparecen”.
Según Santo Tomás, la verdad religiosa es sobrenatural y supraracional pero no irracional. Con solo la razón no podemos penetrar en los misterios de la fe, pero estos misterios no conducen sino que completan y perfeccionan la razón (Ernst Cassirer, Antropología Filosófica, ed. Fondo de Cultura Económica, Méjico).
Los positivistas plantean una inexistente confrontación entre fe y razón, cuando en realidad estas no se oponen sino que se complementan.
Los enfoques antropológicos la analizan desde el mito y el rito, cuando estos son efectos de la fe en el hombre a lo largo de la historia, pero no sus razones.
Los mecanicistas la consideran una construcción subjetiva del hombre, enraizada en el inconsciente cuya finalidad es justificar dudas existenciales y mitigar la angustia.
La realidad es que la fe es una experiencia personal vivificante, motivadora y liberadora que es gracia, no merito, y el circunscribirla al ámbito de la razón es negar las múltiples dimensiones del hombre, capaz de percibir una infinidad de mensajes desde su cuerpo y espiritualidad.
El diccionario de Filosofía de Ferrater Mora dice respecto de la fe, entre otras cosas, que “la fe confusa es la fe del simple creyente, el cual vive en una comunidad de fe sin que parezca necesario pasar del vivir la fe al conocimiento de ella. La fe distinta es la fe del docto, el cual aspira a un conocimiento que, sin separarse de la fe, contribuya a su precisión en la medida de lo posible.”. Son diferentes actitudes para idéntica necesidad espiritual.
La fe no es ni un puro asentimiento intelectual, ni tampoco un mero sentimiento, sino que implica la entrega de todo nuestro ser a aquel que es mayor que nosotros. Es un acto de confianza absoluta que conduce a la transformación más profunda del hombre, de sus ideas y de su vida. En este abandono en Dios no se tiene fe porque se conoce sino que se conoce porque se tiene fe.
“No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.”
Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso
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