Se nos fue un grande, un ser humano que le brindó espacio a su interioridad y que superó la presión de quienes esperaban de él a un físico y no al ser maravilloso y cascarrabia que fue, un ejemplo de coherencia, valores, compromiso y humanidad.
Les dejo una muestra del pensamiento de Sabato que explica muy bien su giro Copernicano de las ciencias exactas a las humanidades, disfruten....y piensen:
"De este modo el mundo de los árboles, de las bestias y las flores, de los hombres y sus pasiones, se fue convirtiendo en un helado conjunto de sinusoides, logaritmos, letras griegas, triángulos y ondas de probabilidad. Y lo que es peor: nada más que en eso. Cualquier cientista consecuente se negará a hacer consideraciones sobre lo que podría haber más allá de la estructura matemática: si lo hace, deja de ser hombre de ciencia en ese mismo instante, para convertirse en religioso, metafísico o poeta. La ciencia estricta —la ciencia matematizable— es ajena a todo lo que es más valioso para el ser humano: sus emociones, sus sentimientos, sus vivencias de arte o de justicia, sus angustias metafísicas. Si el mundo matematizable fuera el único verdadero, no sólo sería ilusorio un castillo soñado, con sus damas y juglares: también lo serían los paisajes de la vigilia, la belleza de un lied de Schubert, el amor. O por lo menos sería ilusorio lo que en ellos nos emociona".
(Fragmento de “Hombres y engranajes”, de Ernesto Sábato).
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